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Historia de Milán





La antigua ciudad de Milàn durante la historia

Estratégicamente situada a la entrada de la península italiana, Milán y la circunstante región de Lombardia han sido objeto de incesantes disputas durante los siglos. Celtas, Romanos, Góticos, Lombardos, Españoles y Austríacos, todos han gobernado la ciudad en algunos niveles de su historia y por la mayor parte la ciudad se ha capitalizado en su posición y ha resultado hoy como el incontestable centro neurálgico económico y cultural de la Italia unida, no sin nuevos ocasionales enfrentamientos contra dominadores extranjeros.

La origen de Milán se remonta a los años 400 A.C., cuando los Galos se establecieron y derrotaron a los Etruscos contra los Celtas que estaban al punto de invadir la ciudad.



Capital del Imperio Romano de Occidente


En 222 A.C. los Romanos conquistaron a la ciudad, que se anexionó al Imperio Romano, tomando el nombre de Mediolanum. En 89 A.C. se volvió una colonia permanente latina después de pocas tentativas de rebeliones. Después del 42 A.C. Roma ha ejercido su control sobre la Galia Cisalpina (que significa 'Galia del lado de los Alpes') bastante para reconocer oficialmante la ciudad como parte de sus territorios italianos. En esta reorganización de Italia en 15 A.C., el emperador Augustus hizo Milán la capital de la región Transpadania, incluyendo también las ciudades de Como, Bergamo, Pavia y Lodi y extendiendola hasta Turín. Debido a su estratégica posición ( entre la península italiana y aquellas áreas más allá de los Alpes a donde los Romanos querían extender sus intereses), su nombre cambió en Roma Segunda. Desde el 292 D.C. Mediolanum se volvió la capital efectiva del Imperio de Occidente. Era también un centro muy importante para la consolidación de la nueva religión cristiana. Algunas iglesias de Milán ( como San Lorenzo, Sant'Ambrogio y Sant'Eustorgio) tienen tempranas origenes cristianas.

Después del 313 D.C, el año del Edicto de Tolerancia para el Cristianismo emitido por Constantino El Grande, se construyeron muchas iglesias y el primer obispo, Sant'Ambrose, fue nombrado: Ambrogio fue una persona tanto influyente que la Iglesia se volvió la Iglesia Ambrosiana (el 7 de Diciembre se celebra el patrón de Milán que es Sant'Ambrogio). Sin embargo Milán se volvió menos importante como el Imperio Romano estaba en declive. La ciudad sufrió de la invasión de los Lombardos, que primero la saquearon (539 D.C.) y después la conquistaron en el 569 D.C. La capital del Reino Romano-Bárbaro de los Longobardos (569-774 - de los cuales la región Lombardia tomó su nombre) fue en cambio Pavia. La renacita de Milán empezó solo con el dominio Carolingio en el octavo siglo.

Los obispos usaron la influencia Lombarda para construir una aliancia con el emperador Ottone de Sajonia (que fue coronado Rey de Iyalia en la iglesia de Sant'Ambrogio) y obtenieron aún más poder. A la Iglesia fue dada prioridad sobre la nobleza campesina, cuyo poder se redujo por consiguiente, y, aliados con los 'cives' (comerciantes o negociantes de la ciudad), el Clero se volvió al principio del nuevo milenio el efectivo gobernate de las ciudades lombardas cada vez más ricas. Al comienzo del año 1000 el arzobispo de Milán se hizo el hombre más poderoso del Norte Italia. En 1117 Milán se volvió un municipio después de una serie de dificultedes políticas y se absolvió del arzobispo. Milán se expandió también declarando guerra a las otras ciudades del área. Durante este periodo la ciudad fue governada por leyes democráticas y fue construido el Palacio de la Razón como asiento para su auto-control político.

Después que Federico I de Suabia (llamado Federico Barbarroja) intentó varias veces conquistar la ciudad no sin sangrientas batallas, al final en 1167 todas las 'Comunas' (pueblos gobernados por los ciudadanos) se aliaron juntos en la llamada Societas Lombardiae (Liga Lombarda) contra el emperador y su ejercito. La batalla final, llamada Batalla de Legnano por donde se ocurrió, fue muy violenta y marcó la definitiva derrota de Federico I en 1176. Este famoso acontecimiento es también el sujeto de la epónima ópera del composidor Giuseppe Verdi.
A partir del 1200 la importancia de Milán aumentó considerablemente y por último se volvió en una "Signoria" (feudal). La ciudad mejoró sobre todo en su aparencia: algunos ejemplos son la extensión de las murallas de la ciudad, la construcción de nuevos edificios y nuevas calles pavimentadas.


Las Familias Visconti y Sforza


El periodo del gobierno democrático llegó a un término cuando la vieja familia milanesa Visconti tomó el poder de la ciudad, haciendose los "Señores" de Milán desde el 1277 hasta el 1447. Así el sistema de la 'comune' se terminó y Milán, como muchas otras ciudades del Norte Italia, tomó la vía del control de una sola familia. A partir del 1300 los Visconti llevaron a la ciudad un buen periodo de gloria y riqueza. Dentro del tiempo de una generación, todas las ciudades circundantes reconocieron su dominio: Bergamo y Novara en 1332, Cremona ein 1334, Como e Lodi en 1335, Piacenza en 1336 y Brescia ein 1337. Fue precisamente bajo su control que empezaron la construcción del Duomo en 1386 (que después se volvió el símbolo de la ciudad) y del Castillo de Porta Giovia (después destruido y reconstruido por Francesco Sforza y todavía hoy conocido como Castillo Sforzesco).
Cundo el último duque Filippo Maria Visconti murió en 1447 sin dejar eredes, hubo una nueva tentativa de restaurar los poderes comunales con la denominada República Ambrosiana que duró solo tres años. Luego, en 1450 Francesco Sforza, su yerno, asumió el poder del Castillo y de la familia Visconti, así que Milán finalmente logró obtener un periodo de paz después de muchos años de guerras contra Venecia y Florencia. El dominio de la familia Sforza coincide con el periodo del Renacimiento en Italia y en particular el reinado de Francisco Sforza fue magnífico: él transformó la ciudad en una poderosa metrópoli, construyendo entre otras cosas también el nuevo Castillo Sforzesco y el Hospital Mayor (hoy Ca' Granda). Fue durante estos años que el Castillo y el Duomo se estaban construyendo junto con la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Bajo el Ducado Sforza la ciudad empezó su verdadero desarrollo. Ludovico el Moro (Ludovico Sforza) fue la figura dominante que instauró un bueno dominio, promoviendo el desarrollo de la agricultura y de la industria de la seda, y llamó a su corte arquitectos como Donato Bramante y Leonardo da Vinci devolviendo la ciudad uno de los grandes centros de Italia de arte y cultura.


Dominación Española y Autríaca


Al comienzo del XVI siglo, los últimos años del dominio de la familia Sforza, el Norte Italia fue uno de los territorios contestados por las monarquías Española y Francesa. Lombardia gozó de 14 años de aparente autonomía, después de la derrota del Rey de Francia Francisco I en Pavia en 1525. Francisco Sforza dominó bajo la tutela del Emperador del Sacro Imperio Carlos V (Rey de España con el nombre de Carlos I), pero cuando Francisco murió en 1535, el Rey Carlos asumió directamente el poder, dando comienzo a los 170 años de dominio español que transformó el antiguo orgulloso Ducado de Milán en una descuidada capital de una provincia administrada, controlada y tasada por extranjeros. Esta es la humillada Milán que Manzoni describe en su famosa novela "I promessi sposi". Esto fue un periodo de no desarrollo y la ciudad fue oprimida también por una terrible epidemia de peste en 1630. Afortunadamente, en la segunda mitad del 1600 fue dado un nuevo vigor a la vida religiosa y cultural de Milán gracias a las iniciativas de la familia Borromeo, en particular a Carlos y Federico. Luego, las grandes guerras europeas del comienzo del siglo XVIII aseguraron a la ciudad la dominación austríaca, que transformó completamente todos los aspectos de la sociedad (económico, público, cultural, artístico, administrativo, científico) gracias a las mejorías desarrolladas por la dinastía Hasbugo. La Accademia de Brera fue fundada en este periodo, como el Teatro de La Scala (donde Giuseppe Verdi tuvo su debut) fue construido en 1778, junto con otros edificios neoclásicos y con el Arco de la Paz (1807).


La era Napoleónica


Fue gracias al clima positivo de la Ilustración que Napoleón fue recibido con tan entusiasmo en Milán cuando marchó sobre la ciudad en Mayo 1796. Muchos optimistas en aquel momento vieron a él como el simbolo del espíritu democrático de reforma. Después de la caída de Napoleón en 1814, el Congreso de Vienna devolvió la Lombardía a los Austríacos, que pero ya no eran reformadores ilustrados, así que Milán se quedó en gran parte hostil al control austríaco; hostilidad que se reencuentra en algunas óperas jovaniles de Verdi y que al final explotó en las heroicas y famosas "Cinque Giornate" de Milán del 1848 (cinco días de violentos enfrentamientos a lo largo de las calles). Sin embargo, a causa de la imcopetencia de Carlos Emanuele del Piamonte, la revuelta fracasó y las fuerzas austríacas volvieron a entrar en la ciudad que fue puesta bajo el control del comandante jefe Conde Joseph Radetzky.


El reino de Italia


Fue propio en 1859 que los Austríacos se marcharon de la ciudad y Milán fue anexionada al Reino de Piamonte, que dos años más tarde se volvió en el Reino de Italia. La liberación pasó bajo la presión de la combinada intervención militar de los Franceses y de los Piamonteses y la decisiva acción del héroe del Risorgimento Giuseppe Garibaldi con sus tropas de guerrilla. Desde entonces la sede del gobierno tuvo que ser Roma, y Milán fue elejida como la capital económica y cultural de Italia. Para celebrar su nuevo estado libre se emprendieron numerosos proyectos importantes de construcción de edificios, como por ejemplo la grande Galería Vittorio Emanuele II, el Cárcel de San Vittore, el Cementerio Monumental y el Túnel del San Gottardo.


Fascismo y el periodo de poseguerra


La "fiesta" fascista se fundió en Milán en 1919 animada por el clima de tumulto creado por los numerosos golpes a favor del crecimiento del Socialismo. La población no tentó resistir a la dictadura, excepto algunos trabajadores industriales y algunos intelectuales. Pero fue propio en este periodo que se construyeron obras pomposas y ejemplos de arquitectura innovadora: la Estación Central y la Triennale fueron dos de estas importantes obras.

Durante la guerra Milán fue destruida. Al final de la Segunda Guerra Mundial la región Lombardía contribuyó materialmente a la repentina prosperidad que transformó toda Italia, un país todavía agrícolo relativamente subdesarrollado, en un líder industrial mundial. La ciudad se volvió un importante centro financiero y la nueva riqueza de la región atrajo un gran número de trabajadores desde el Sur Italia en una imponente oleada de inmigración. Hoy en día Milán es el más importante centro de comercio, financia, industria editorial, nuevos medios de comunicación, moda y design.

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